Anoche, hojeando el Thermal Pass, he visto que había un autobús a las 9 de la mañana. Perfecto, mi cita con el médico es a las 9:15. Preparo los documentos necesarios para mi primera visita, a saber: la hoja 1 del documento del seguro médico, mis recetas de tratamientos en curso y el correo de mi médico donde constan mis antecedentes.

La lanzadera llega justo a tiempo. El conductor, muy amable, me invita a subir y al ver que soy nueva, se presenta: es el simpático Fabien. Tres minutos después llegamos a las Termas. Nada más descubrir los magníficos jardines, me invade una sensación de bienestar.

Me dirijo a la recepción y de allí al edificio de enfrente, donde el médico me explica en detalle el desarrollo de mi cura. Luego voy a la secretaría, donde, junto con la recepcionista, fijamos el planning de tratamientos.

Y ahí mismo empiezo la cura con un equipo formidable, sonriente y atento. Primer día muy satisfactorio.

Con el transcurso de los días, compruebo que el personal es muy competente y que realiza los tratamientos con mucho profesionalismo. Un verdadero placer.

Decido apuntarme a un taller de cocina participativa con el objetivo de elaborar menús equilibrados; es importante para mi patología. Allí conozco a Alexandra, la nutricionista de las Termas, una persona encantadora que me enseña muchas cosas sobre las cualidades gustativas y nutricionales de cada categoría de alimentos.

Es una ocasión para simpatizar con otros termalistas y programar salidas juntos. En particular, con Christine y Bernard. Ellos vinieron en tren desde el Norte hasta Perpiñán, luego en autobús por 1 € hasta Le Boulou. Lo encuentro muy práctico, probablemente haga lo mismo el año que viene.

Excursión por el día a Barcelona el domingo, paseo por el mercado de Céret, baño en la playa de Argelès-sur-Mer, visita del Conflent en el Tren Amarillo, degustación de la rousquille (rosquilla catalana) de Arles-sur-Tech... ¡las tres semanas se me pasan volando!

El día antes de partir, vuelvo a la Oficina de Turismo para buscar un pequeño souvenir, obsequio del Thermal Pass. ¡Genial! Además puedo escoger. Me llevo una jarra «Le Boulou». Después relleno una encuesta de satisfacción relativa a la Oficina de Turismo, con la que estoy encantada.

Por ser la última noche, los propietarios del piso que alquilo me invitan a tomar el aperitivo en la terraza de su apartamento, una oportunidad para degustar el famoso muscat de Rivesaltes.

Y llegó el día de mi partida. Hacemos un repaso del piso y el dueño me devuelve mi depósito. Todo ha ido bien, quedamos en contacto para el año que viene. Es hora de volver a casa, relajada y feliz.