Estamos de vacaciones en Le Boulou, con amigos y nuestro pequeño Mathis. Es nuestra primera salida desde que nació, hace ya 4 años. Hoy tenemos previsto una comida campestre, seguida de un paseo en bici para probar el remolque que compramos antes de partir y disfrutar del buen tiempo.

Desayunamos todos juntos en el camping tarde, al fin y al cabo son vacaciones. Y ya nos preparamos para salir: hinchamos las ruedas, alistamos la cesta del picnic... El tiempo es excelente.

Va a ser un día estupendo. Tenemos suerte, la vía verde sale directamente del camping.

Son las 11:30. Salimos tranquilamente, cada cual en su bici y Mathis en el remolque. Todo bien, su padre no parece sufrir mucho por el peso adicional. Pedaleamos unos diez minutos hasta el área de picnic que está al lado de la Maison des Jeunes et de la Culture, allí hay algunas mesas, ¡se respira un ambiente de vacaciones!

Dejamos las bicis junto a una mesa y nos sentamos. Es un rincón verde y con sombra muy agradable. Durante la comida, Mathis nos dice que le gustaría visitar el jardín que está justo al lado.

Ese almuerzo al aire libre, lejos del estrés de la vida cotidiana, nos sienta muy bien. Es el momento ideal para programar nuestra semana de vacaciones.

Al terminar los bocadillos, mi hijo y su padre se van a explorar el jardín. Qué grata sorpresa: hay granados, cerezos y otras especies originarias de México, Japón y Nueva Zelanda. Nosotros aprovechamos para echar una manta a la sombra de un almez y descansar un rato mecidos por la brisa.

Una vez descansados, es hora de recoger nuestras cosas. ¡Iremos a recorrer los alrededores en bici!

Retomamos, pues, la vía verde rumbo a Argelès-sur-Mer.

La recepcionista del camping tenía razón, el camino es accesible y está muy bien señalizado. Tras pedalear durante veinte minutos, nuestros amigos nos proponen inmortalizar ese agradable momento. ¡Qué bien se está en plena naturaleza!

Seguimos viaje. Argelès-sur-Mer asoma en el horizonte mientras bordeamos el macizo de la Albera, último contrafuerte de los Pirineos. ¡Ah, una línea recta! Desafío a mis amigos: ¡el último en llegar al cartel de Argelès-sur-Mer paga el aperitivo! Mi marido pone todo de sí, pero le cuesta un poco con Mathis en el remolque. No es suficiente, así que nos tocará pagar la ronda en el Camping!

Al caer la tarde regresamos tranquilamente a Le Boulou, prometiéndonos hacer otra salida dos días después, esta vez rumbo a Céret…