Es mi primera semana de cura en las Termas de Le Boulou. Mis tratamientos acaban a última hora de la mañana. Otros termalistas me han propuesto ir con ellos a jugar al bingo en el Casino a las 11 de la mañana. Vale la pena: por 8 € tienes los cartones, el buffet incluido y 2 € en fichas para utilizar en las máquinas tragaperras.

Hoy no tengo nada previsto, así que ¿por qué no probar suerte? Nunca se sabe...

Quedamos delante de las Termas después de las sesiones y decidimos ir al Casino a pie: está justo al lado y el camino es seguro, qué más se puede pedir.

Llegamos y sin pensarlo dos veces, entramos al Casino. ¡Qué sorpresa! Toda la decoración del vestíbulo me recuerda el estilo de Gaudí que descubrí dos años antes durante un viaje a Barcelona.

Empezamos por el bingo: al llegar a la sala, cogemos las tarjetas y nos sentamos todos juntos. Hay muchos premios en juego: botellas de vino, vales de compra ¡y hasta un GPS! Por desgracia, la suerte no me acompaña, pero pasamos un momento agradable. Ojalá se repita.

Después del bingo, nos sentamos a una mesa para disfrutar del buffet. Nos deleitamos con el cóctel de bienvenida que viene de regalo con el Thermal Pass: una explosión de sabores en un ambiente cálido y distendido.

Después de comer, deambulamos por la sala de juegos. Tantas luces, sonidos... mientras mis amigos se instalan junto a la mesa de la ruleta inglesa electrónica, yo doy una vuelta por las máquinas tragaperras. Escojo una al azar y utilizo las fichas que me dieron.

Poco a poco, el pozo va aumentando. Mis amigos se acercan a alentarme, curiosos, cuando de repente, ¡no lo puedo creer! La máquina se enloquece, titila de manera frenética al compás de la música: ¡es el Jackpot! Todos aplauden. Yo casi toco el cielo.

No me arrepiento de esta actividad improvisada, pero ya no sigo porque el abuso de tragaperras es peligroso para el monedero. No tengo dudas de que volveré al Casino a probar suerte antes de que acabe mi estancia.